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Cuba Habana Casco Histórico Calle
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José Fajardo

La Habana a través de su música

Kamira/Shutterstock.com

Sucede con La Habana algo parecido que con Nueva York o París. Son ciudades tan icónicas que antes de visitarlas uno siente que ya las conoce por las historias que ha escuchado sobre ellas y por todas esas películas ambientadas en sus calles. Quizá por eso cuando aterricé en el Aeropuerto Internacional José Martí tenía una idea en mente: descubrir la capital de Cuba (era mi primera vez en el país) de una forma original, a través de su música.
Durante una semana tuve la suerte de recorrer la ciudad junto a periodistas, músicos y agitadores de la cultura habanera quienes me descubrieron los espacios donde escuchar jazz en directo y me hablaron de los artistas que están sonando ahora mismo en los locales nocturnos donde se reúne la bohemia local.

Me alojé en la casa de una familia donde por 35 CUC (los pesos cubanos convertibles, equivalentes al dólar) cada noche teníamos (fui con mi novia) una habitación grande que daba a un patio exterior con cama de matrimonio y baño propio con ducha. Además estaba incluido un copioso desayuno: café y huevos revueltos además de una bandeja de frutas y tostadas con mantequilla y mermelada que la señora Leticia preparaba cada día para nosotros.

La dueña del lugar -un edificio colonial bien conservado con dos patios exteriores y luminosos, decorado con buen gusto, limpio y con plantas y flores salpicando cada esquina- nos trató como si fuéramos de la familia, nos dejó usar su teléfono fijo cuando lo necesitamos para contactar a nuestros amigos cubanos y el día que cenamos en la casa nos ayudó a pedir la comida. Esos gestos en un país donde algunas gestiones no son tan fáciles (por la dificultad de conectarse a Internet) se agradecen mucho.

Cuba Habana Casto Histórico Noche

Chris Howey/Shutterstock.com

El Vedado y la movida nocturna

La casa estaba en El Vedado, un barrio donde se ve mucha gente joven (la Universidad de La Habana está cerca) y en el que coinciden varios bares con actuaciones en directo que lo convierten en uno de los más excitantes de la noche habanera. Ciudades europeas como Madrid tienen un tejido cultural diverso y atractivo pero es difícil que suceda algo que sorprenda a los que viven allí. En La Habana, y en este barrio en concreto, hay espacio para lo inesperado. A esta sensación contribuye que todavía funciona el boca a boca en lugar de las redes sociales. Hay que estar a la jugada, como dicen los cubanos.

En La Habana, y en este barrio en concreto, hay espacio para lo inesperado. A esta sensación contribuye que todavía funciona el boca a boca en lugar de las redes sociales

Una buena recomendación es dejarse caer por La Zorra y el Cuervo, un clásico para los amantes del jazz donde actúan talentos como el pianista Roberto Fonseca. En este barrio, también merece la pena visitar El Gato Tuerto, donde algunos días a la medianoche canta Juana Bacallao, un emblema de la cultura popular habanera a sus 93 años.
La Habana es una ciudad con una tradición musical tremenda y lo bueno es que ese circuito ha seguido renovándose. Viejas y nuevas glorias de la escena se reúnen en antros icónicos como Jazz Café, Café Miramar y Bertolt Brecht. Quizá este último sea el más alternativo y acoge propuestas como la de Interactivo, el grupo de Roberto Carcassés que fusiona sonidos modernos con la música popular cubana.

Todos estos lugares los descubrí gracias a los consejos de mi amiga Natalia Algarín, una melómana del Caribe colombiano que está enamorada de la isla. Sin embargo, fue un habanero quien sumó otros felices hallazgos a la lista de locales imprescindibles: el periodista Rafa G. Escalona, fundador del Magazine AM:PM, una fuente de consulta básica para saber lo que está sonando en Cuba ahora mismo. Fue Rafa quien me habló de clubes como el Olalá (antiguo SARAO) y el Corner Café que programan a varios de los artistas del momento. Y de La Casa de La Bombilla Verde, un coqueto bar donde se reúnen los cantautores en El Vedado. Para ver a los grandes de la música popular me recomendó ir al Salón Rosado de la Tropical, al Karl Marx y al Mella, además de al teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, que ofrece una exquisita programación.

Cuba Habana Musicos Noche

Matyas Rehak/Shutterstock.com

Un paseo por el Malecón

Uno de mis planes favoritos era pasear desde donde nos quedábamos en El Vedado hasta el Malecón, pasando por dos hoteles con solera, el Habana Libre y el Nacional, donde vale la pena entrar para cotillear dentro (las paredes están llenas de historia) y tomar un mojito al atardecer en sus agradables jardines mientras de fondo suenan los clásicos de Buena Vista Social Club y la nueva trova cubana.

En estos últimos años Cuba ha jugado un papel esencial en la explosión del reggaetón y otros sonidos latinos en la música global y, a lo largo del Malecón, este renacer musical en la isla de cara al exterior se hace explícito con el desfile de grupos de jóvenes que bailan breakdance, sueltan rimas de hip hop a los turistas o cantan despreocupados los éxitos de artistas urbanos como Gente De Zona, Jacob Forever, Diván y Chacal.

Recuerdo que el agua de las olas, al chocar con el malecón, me empapó en más de una ocasión cuando trataba de hacer la enésima foto de estos chicos o de los pescadores que lanzan su caña al mar Caribe. En esta ciudad en cada esquina hay una postal, como la de los edificios que bordean este paseo con su encanto decadente, golpeados por el cambio climático y la escasez, muchos en ruinas, pero conservando aún los colores pastel y sus amplias terrazas.

En esta ciudad en cada esquina hay una postal, como la de los edificios que bordean este paseo con su encanto decadente

Los días que estábamos más cansados aprovechamos para subir en un almendrón, uno de esos coches americanos antiguos de los años 50 (Chevrolet, Ford, Dodge, Plymouth) que los cubanos han restaurado conservando la carrocería original. Hay algunos para turistas que son caros, pero otros recorren una ruta fija durante la cual van subiendo a pasajeros (la mayoría locales) hasta que se llenan. Apenas cobran 50 centavos de dólar por persona y trayecto pero hay que estar atento para subir en uno.

En una de estas bellezas de colores chillones (los hay rosas y amarillos) llegamos un día hasta Fusterlandia, la casa estudio del artista cubano José Fuster que se puede visitar gratis (hay una hucha para donaciones) en Jaimanitas, una zona costera al oeste de la ciudad. El lugar es una locura entre lo surrealista y la psicodelia, un laberinto de estancias construido con azulejos y baldosas. Allá vive su autor pero pocas veces sale a saludar a los curiosos que se pasean fascinados por sus dominios.

De ahí fuimos hasta el barrio de Miramar a practicar el deporte cubano por excelencia (con permiso del boxeo y el béisbol): charlar y charlar durante horas con unos amigos escritores y periodistas en el Café Fortuna mientras el sol iba cayendo. A este lugar se puede ir a picar algo y beber. Dentro cuenta con una decoración barroca a base de detalles curiosos y afuera tiene una solicitadísima terraza angosta que da al mar.

Cuna Habana La Bodeguite del Medio

T photography/Shutterstock.com

Más allá de lo turístico

Al margen de los planes imprescindibles si visitas por primera vez en La Habana (pasear por la Plaza de la Revolución, tomar un mojito en La Bodeguita en honor a Hemingway, ir una noche a la Ceremonia del Cañonazo que empieza a las 9 puntuales y recorrer la avenida del Capitolio) lo que más disfruté fue perderme por La Habana Vieja.

Uno de esos días de deambular sin rumbo fijo por esta zona histórica encontré Clandestina, una tienda maravillosa que vendía arte moderno cubano a precios asequibles, algunas prendas de ropa de diseñadores jóvenes y libros y música selectos. Yo me compré unos pantalones cortos muy chulos por 10 dólares y una guía alternativa de La Habana con recomendaciones originales para comer, beber, bailar y disfrutar de la cultura.

Ver la ciudad con los ojos de los locales para mí es lo más importante cuando viajo. La capital de Cuba es uno de esos lugares donde uno siente que, como turista, se está perdiendo el jugo más sabroso si no le han hablado antes de las cosas que valen la pena, o no tiene la suerte de conocer a algún habanero que le guíe por la ciudad.

Un lugar que comenzó siendo un secreto es la Fábrica de Arte Cubano, una antigua fábrica de aceite restaurada que se ha convertido en el espacio de moda para la juventud. Allá se va a escuchar música en directo, a tomar algo por la noche, a ver una exposición o asistir al pase de una película. Cada cierto tiempo cierra durante un mes para renovarse a fondo por lo que hay que estar atento a su página en Facebook o a su web.

Fundado por el rockero Equis Alfonso, un icono de la cultura alternativa en La Habana, es el lugar ideal para descubrir las nuevas tendencias en la música local, donde suenan (ya sea en vivo o en las diversas sesiones de DJ) artistas como Daymé Arocena, Harold López-Nussa, Yissy García & Bandancha, Danay Suárez, Héctor Téllez Jr. y Cimafunk, entre otros talentos.

Al hacer memoria del viaje me vienen a la cabeza todas estas melodías pero también los sabores de restaurantes como Doña Eutimia, un lugar de comida cubana en La Habana Vieja donde todo está demasiado bueno, y en especial la amabilidad de una gente cálida que parece estar siempre de buen humor.

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